Hemeroteca de la sección “Famosos defensores de los derechos de los animales”

Personajes conocidos que defienden los derechos de los animales.

Famosos que colaboran en campañas con PETA (People for the Ethical Treatment of Animals).

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José Saramago nos ha dejado, pero no, sin dejar huella.  No solo fue un gran escritor  sino fue una persona de esas que no abundan, Una persona fiel asi misma.

Defensor de sus ideas sin importarle las criticas que por ellas podría recibir y fue fiel a su manera de pensar hasta el final… un ejemplo a seguir.

Nos dejo un escrito acerca de Susi, esa elefante que tanto sufrió en el zoo:

“Si yo pudiera, cerraría todos los zoológicos del mundo. Si yo pudiera, prohibiría la utilización de animales en los espectáculos de circo. No debo ser el único que piensa así, pero me arriesgo a recibir la protesta, la indignación, la ira de la mayoría a los que les encanta ver animales detrás de verjas o en espacios donde apenas pueden moverse como les pide su naturaleza. Esto en lo que tiene que ver con los zoológicos. Más deprimentes que esos parques, son los espectáculos de circo que consiguen la proeza de hacer ridículos los patéticos perros vestidos con faldas, las focas aplaudiendo con las aletas, los caballos empenachados, los macacos en bicicleta, los leones saltando arcos, las mulas entrenadas para perseguir figurantes vestidos de negro, los elefantes haciendo equilibrio sobre esferas de metal móviles. Que es divertido, a los niños les encanta, dicen los padres, quienes, para completa educación de sus vástagos, deberían llevarlos también a las sesiones de entrenamiento (¿o de tortura?) suportadas hasta la agonía por los pobres animales, víctimas inermes de la crueldad humana. Los padres también dicen que las visitas al zoológico son altamente instructivas. Tal vez lo hayan sido en el pasado, e incluso así lo dudo, pero hoy, gracias a los innúmeros documentales sobre la vida animal que las televisiones pasan a todas horas, si es educación lo que se pretende, ahí está a la espera.

Se podrá preguntar a propósito de qué viene esto, y responderé ya. En el zoológico de Barcelona hay una elefanta solitaria que se está muriendo de pena y de las enfermedades, principalmente infecciones intestinales, que más pronto o más tarde atacan a los animales privados de libertad. La pena que sufre, no es difícil imaginarlo, es consecuencia de la reciente muerte de otra elefanta que con la Susi (este es el nombre que le pusieron a la triste abandonada) compartía en un más que reducido espacio. El suelo que pisa es de cemento, lo peor para las sensibles patas de estos animales que tal vez tengan todavía en la memoria la blandura del suelo de las sabanas africanas. Sé que el mundo tiene problemas más graves que estar ahora preocupándonos con el bienestar de una elefanta, pero la buena reputación de que goza Barcelona comporta obligaciones, y ésta, aunque pueda parecer una exageración mía, es una de ellas. Cuidar a Susi, darle un fin de vida más digno que verla acantonada en un espacio reducidísimo y teniendo que pisar ese suelo del infierno que para ella es el cemento. ¿A quién debo apelar? A la dirección del zoológico? ¿Al ayuntamiento? ¿A la Generalitat?”

Postdata: Dejo aquí una foto. Igual que en Barcelona hay grupos – gracias – que se apiadan de Susi, en Australia también un ser humano se ha compadecido de un marsupial, víctima de estos últimos incendios. La foto no puede ser más emocionante.

http://www.cuaderno.josesaramago.org

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Es una gran escritora española nacida en Bilbao aunque creció en Alava. Sus dos primeras novelas, Irlanda (1998) y Donde siempre es octubre (1999), gozaron de una acogida muy favorable por parte de la crítica, que calificó a su autora como una de las figuras literarias más destacadas de la joven narrativa española del momento. Pero su popularidad como escritora llegó sobre todo en octubre de 1999, gracias a la obtención del Premio Planeta por su obra Melocotones helados. Otros de sus libros Irlanda, El tiempo huye, cuando comer es un infierno, entre otros.

Espido Freire colabora habitualmente en distintos diarios como ADN, El Mundo y en revistas como Tiempo. Colabora en la radio con Julia Otero.

En 2008 fundo su propia empresa, una escuela literaria  en dónde imparte talleres literarios.

Es una defensora de los derechos de los animales, antitaurina convencida y por ello criticada y atacada.

 

Aquí uno de sus artículos para ADN en 2007

Sin duda, matamos ya suficientes animales; en un país con una perpetua obsesión por las proteínas como es éste, en el que el cerdo, o el pollo, se guardaba para agasajar al importante, o como recurso desesperado ante la enfermedad, resulta lógico que exista una demanda constante de carne. En algunos lugares, la riqueza se demostraba a través del número de embutidos y jamones colgados a secar. Los extranjeros se horrorizan ante la cruda exposición de piernas de cerdo, con su pezuña intacta, en bares y restaurantes, casi tanto como ante las cabezas de toros disecados.Sin duda, se abandonan ya demasiados animales: los perros, pese a todas las campañas, aparecen en carreteras, con el pelo sucio y la mirada desesperada. Los galguitos, ahorcados con saña tras la temporada de caza. A los gatos ni siquiera se les dedica esa atención: la absurda fama de ariscos, o la creencia de que pueden sobrevivir por sí mismos, el miedo a una toxoplasmosis mal explicada, llena las perreras de ojos felinos aterrados antes de una inyección letal. Lo sé, los he visto, no pude rescatar a más de los que me llevé. El resto murió.

Sin duda, se habla mucho de las fiestas populares, de los toros muertos en corridas y otros sistemas, los patos decapitados, las cabras, los animales inmolados por tradición, por una crueldad que no se percibe como tal, por un negocio próspero y unas costumbres que poco tienen que ver con el momento presente.

Si nos quedáramos sólo en el primer punto…

A apoyado la plataforma para prohibir los toros en Cataluña por lo cual los taurinos la han llamado de todo y por ello escribió una columna.

 http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/espidoweb/cajon_end101.html
Para PACMA: http://www.pacma.es/articulo.php?id=48524151cdf

 Un ejemplo a seguir….. Espido freire.

 

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Fernando Vallejo es un polémico escritor,biólogo y cineasta colombiano y afincado en México.
Entre sus libros están el desbarrancadero, La rambla paralela, Mi hermano el alcalde, la puta de Babilonia y La virgen de los sicarios, la cual fue llevada al cine, (entre otros).
Es un escritor que en sus libros Colombia suele ser el escenario y sus temas mas recurrentes son la violencia, la homosexualidad, la Iglesia católica y como activista de los derechos de los animales suele ser su voz y defensor. Por su defensa de los animales suele ser muy criticado.
Alguna de sus mas criticadas acciones fue al ser galardonado en 2003 con el premio Rómulo Gallegos el cual dotado de 100.000 dolares dono a protectoras de los animales en Venezuela diciendo:” De los pobres que se ocupe el Vaticano o los gobiernos. Yo me ocupo de los animales, cuyo sufrimiento ha amargado mi vida”.
Su discurso durante la entrega del galardón fue a su fiel estilo, discurso irreverente de especial condena a la superpoblación del planeta, del maltrato para con los animales y a la Iglesia.
En la presentación de su libro La puta de Babilonia, en México se hizo acompañar de trece perros y cuando uno de los canes ladró, Vallejo tranquilamente dijo: Dejenlo, si Fox se paso seis años rebuznando y nadie lo calló.”
                                            
Un gran artículo suyo para SOHO.com
 
Mi otro prójimo.”
 
Durante la segunda mitad del siglo XVIII y las dos primeras décadas del XIX, Maupertuis, Lamarck y Erasmus Darwin empezaron a hablar de lo que hoy conocemos como la teoría de la evolución: que todos los seres vivos, sin excluir al hombre, están emparentados por provenir de antepasados comunes, y en última instancia de un solo antepasado común, la primera célula que dio origen a toda la vida que ha existido y existe hoy sobre la Tierra. En 1859 Charles Darwin (nieto de Erasmus) publicó El origen de las especies para tratar de explicar cómo se origina una especie de otra, el fenómeno de la “especiación”, que es un aspecto de la evolución pero no toda la evolución, y postuló para ello el mecanismo de “la selección natural” o “supervivencia del más apto”, el cual a mi modo de ver no pasa de ser una perogrullada o tautología, una explicación que no explica nada, como Dios, ni más ni menos, con quien tratamos de explicar lo que no entendemos, aunque sin lograr entenderlo a Él. Pero en fin, repleto de datos de botánica y zoología, El origen de las especies daba la impresión de ser un libro muy científico y su aparición marcó el triunfo de la teoría entera de la evolución, que es lo que aquí me importa. Y es que la evolución biológica es una realidad manifiesta. Compárese usted con un perro y verá: usted y él tienen dos ojos, dos oídos, una nariz con dos orificios nasales, boca u hocico con dos hileras de dientes, un sistema circulatorio con venas y arterias y sangre roja con hemoglobina, pulmones para respirar, un sistema digestivo que procesa los alimentos y los excreta, etc., etc. Y sobre todo, que es lo que cuenta para la tesis que voy a sostener aquí, un sistema nervioso con el que usted y el perro sienten el dolor, el hambre, la sed, la angustia, la alegría, el miedo… Un sistema nervioso, que es el que produce el alma. Y dejando al perro, compare ahora a su mujer con la hembra del chimpancé y verá que los ciclos reproductivos de ambas son casi iguales y que usted está casado con una casi igual, una semisimia parlante que produce óvulos, tiene menstruación mensual, es fecundada en el coito a través de una vagina y pare después de varios meses de gestación por el mismo orificio por el que la inseminaron. Y ponga a una simia y a su mujer a agarrar sendas piedras a ver. Míreles las manos. ¿No se le hacen muy eficaces, muy expresivas, muy parecidas por no decir que iguales? Y míreles las caras, la expresión de las caras. Y por si le quedan dudas, tenga presente lo que nos enseñan la citología y la biología molecular respecto al cariotipo y el genoma: el chimpancé, el gorila y el orangután, o sea los grandes simios, tienen 24 cromosomas; el hombre, tiene 23, pero resulta que uno de los cromosomas nuestros está partido en dos en ellos; los restantes cromosomas son iguales. En cuanto al genoma (o sea el conjunto de los genes que están en los mencionados cromosomas y que determinan quiénes somos, si fulanito de tal o zutanito, si perro o gato), el del hombre y los del gorila y el orangután coinciden en el 98 por ciento, y el del hombre y el del chimpancé en el 99 por ciento. Así nos lo dice la última de las grandes ciencias biológicas, la biología molecular, la de Watson y Crick, la de Avrey, Kornberg, Spiegelman, etc., etc. ¡Carajo! Si no estamos emparentados con los simios, los perros, los gatos, las vacas y las ratas y demás mamíferos (por no ir más allá de la clase Mammalia y ampliar nuestro parentesco al fílum de los vertebrados) tampoco entonces lo están los padres con los hijos, los hermanos con los hermanos, los primos con los primos…
Cinco mil años contados desde el comienzo de la Historia, o diez mil contados desde el comienzo de la agricultura y la ganadería, o cuatro millones contados desde que en forma de australopiteco bajó del árbol, le tomó al hombre descubrir y aceptar que en esencia es un simple animal, una especie más entre los millones de especies que pueblan la Tierra. Para mediados del siglo XX ya a ningún científico le quedaban dudas de que esto es así. El “creacionismo”, como se llamó la teoría opuesta a la de la evolución y que sostiene que Dios creó todas las especies inmutables tal como aparecen en el presente y que unas no provienen de las otras, hoy no es más que un feo engaño del pasado. ¿Y por qué se tardó tanto el hombre en descubrir verdad tan obvia? Por creído, por alzado, por pendejo. Por lo mismo que de 1225 a 1274 produjo a Tomás de Aquino, monje obtuso que creía que las moscas nacían por generación espontánea de la carne en descomposición, y que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo formaban una Santísima Trinidad única e indivisible. Y por lo mismo que en abril pasado, un cónclave mafioso y amañado de 115 travestis tomistas y purpurados eligió un nuevo Papa dizque inspirados por el Espíritu Santo. Y si el Espíritu Santo los inspiraba, ¿por qué no lo eligieron entonces en una sola votación y por decisión unánime, y a la luz del sol y no a puerta cerrada? Ah, por eso. Porque la nuestra es una especie cretina y Colombia igual: habiéndosenos esfumado el efímero sueño papal pues no nos dio la medida nuestro don Darío Castrillón Hoyos, hoy sólo nos queda soñar con el mundial de fútbol. Y que lo vamos a ganar es indudable pues tenemos el alma concentrada en las patas.
Yo que nací en el cristianismo (y en su versión católica que es especialmente infame) he aprendido por mi cuenta, y a contracorriente de esa monstruosidad que se disfraza de religión, a querer a los animales y a respetarlos y a no comérmelos y a sentir su dolor, que hago mío. El inmenso dolor, por ejemplo, que me produce leer en El Espectador, en un artículo reciente de Lisandro Duque titulado “El sueño americano de los pollos”, que hoy en día en Estados Unidos se sacrifican para consumo humano nueve mil millones de esos pobres animales que se crían hacinándolos hasta la asfixia, cortándoles los picos con tijeras sin anestesia ni analgésicos para que no se hieran unos con otros en sus estrechas jaulas, y sin ver jamás la luz del sol, bajo una luz artificial permanente, de modo que no paren de comer y engordar y crecer todo el tiempo y estén listos para ser sacrificados a los dos meses. O el dolor que me causa encontrarme, en el penúltimo número de esta revista, el reportaje de Gonzalo Mallarino “Un día en la perrera”, sobre los 35 mil perros callejeros masacrados durante el último año por el Centro de Zoonosis de Bogotá, cuyo alcalde Lucho Garzón es un hombre tan bueno que para sacrificarse por nosotros aspira a la Presidencia. Y en aras de tan noble fin, puesto que los perros no pueden votar por él los elimina, en tanto a los niños pobres bogotanos les da desayunitos a lo padre García Herreros, tomando muy bien todas las precauciones para que la prensa lo fotografíe a diestra y siniestra y los padres de los niños no se olviden de él el día de las elecciones. ¡Demagogo! ¡Cabrón!
¿Y quién en Colombia ha dicho una palabra ante el horror de esos perros asesinados? Nadie. Nadie ha levantado su voz, todo el mundo calla. Y a quienes hacemos algo por los pobres animales nos lo reprochan como un delito: “¿Y por qué mejor no recoge niños abandonados?”, le increpan a uno. Como si quien nos lo reprocha hubiera recogido en su vida uno solo. ¡Qué degradación moral la de Colombia! ¡Qué país más asesino, de hombres y animales! ¡Qué roña de la humanidad es esta mala raza de esta mala patria que salió a su mala madre, España la de los toros, la que despeña cabras en las fiestas populares para diversión de la chusma católica que engulle hostias, que asesina y come como endemoniada animales y los excreta después para contaminar los ríos y los mares. La del reyezuelo Juan Carlos, el zángano, el mantenido, el Borbón tarado, el cobarde que va a Rumania a matar osos a mansalva, digno sucesor de Fernando VII, su antepasado, a quien la España cerril de hace 200 años le gritaba “¡Vivan las cadenas!”
¿Pero qué piedad podemos esperar por los animales si Cristo, el paradigma de Occidente, el modelo de lo que debe ser el hombre, ni los vio? Tenía ojos para ver y no los vio, oídos para oír y no los oyó, un alma para sentir y no los sintió. No le dio su almita estrecha para entender que los animales eran como él y que sufrían como él y para hacer suyo su dolor. En vano buscaremos una sola palabra suya de amor por ellos en los evangelios. No la hay. Creía que Satanás podía meterse en el cuerpo de una culebra o de un cerdo, de donde pretendía expulsarlo. ¡Cómo puede caber un ser malvado en el cuerpo de unos seres inocentes! Si en algún cuerpo estuvo metido Satanás en su tiempo fue en el suyo, o mejor dicho en su alma, en su alma de hombre, y de hombre rabioso y loco. Cristo no fue más que un profeta loco de esos que producía por cargas, hace dos mil años, Israel. Y dos mil años después, tonsurados y fanáticos nos lo quieren seguir haciendo pasar por el dechado de todas las virtudes, el mejor de los hombres. Ningún hombre ha habido más dañino que este que quiso borrar la ley del talión consagrando la impunidad en este mundo, así como ningún animal de la creación entera ha habido más dañino y malo que el hombre. Y sin embargo de todas las especies animales de la creación, nosotros somos los únicos que podemos experimentar el dolor moral, el dolor por el prójimo, que llega a veces a ser tan intenso, tan destructivo, tan terrible como para acabar con toda esperanza.
¿Pero qué se podía esperar de uno que nació en la religión judía, en ese fanatismo perverso que era capaz de sacrificar a un cordero -un humilde animal inocente que siente las cuchilladas y el terror como lo podemos sentir nosotros- en el altar de Dios, que no existe? Dios es una entelequia estúpida, un engendro malvado de la mente humana por fuera de la cual no tiene existencia propia. El cordero en cambio la tiene. Y sangre. Y un sistema nervioso con el que siente el dolor. Y un alma como la nuestra, y si no, entonces tampoco tenemos alma nosotros. El alma es un epifenómeno del cerebro, la luz del foco. ¡Ay Tomás de Aquino, dominico malvado y barrigón, la que sí no tuvo alma fue tu madre que en mala hora te parió! Como no ha tenido alma tampoco nunca tu infame Iglesia.
¿Y Mahoma? ¿Es que acaso vio a los animales esta bestia bípeda lujuriosa que además de la viuda rica con que se casó para explotarla tuvo 14 concubinas y que propagó su religión haciendo milagros pero con la espada, bañando la tierra en sangre? Tampoco los vio. A las mezquitas no entran los perros ni los perros cristianos. Mahoma les impide el paso. Pues bien, a las religiones de este rufián sanguinario y de ese profeta loco de Israel, esto es al mahometismo y al cristianismo, pertenece hoy en día más de la mitad del género humano: tres mil setecientos millones que son musulmanes o cristianos, y que como los judíos que los produjeron, irrespetan a los animales y no les conceden la verdad innegable de que también tienen alma, la capacidad de pensar y de sufrir. Si la tenemos nosotros también la tienen ellos. Lo que sí no creo es que sea inmortal: ni la suya ni la nuestra. El alma es un producto fugaz y perecedero del cerebro, una pesadilla de la materia.
Paisanos: somos como perros, como gatos, como vacas, como ratas… Hasta tenemos sus mismas enfermedades. Las ratas, por ejemplo, nos contagian la peste, pero nosotros a su vez se la contagiamos a ellas. ¡Pobres ratas! Y a los perros les da diabetes, como a nosotros, y sobre todo si les sacamos el páncreas para experimentar y ver si sí les da. ¡Pobres perros! Y les da cáncer, como a nosotros. Y envejecen, como nosotros. Y se mueren, como nosotros. ¿A qué entonces tanta soberbia de esta especie del Homo sapiens excretora, mentirosa y mala? Y perecedera y vanidosa y protagónica y tartufa como Wojtyla, en vida pavo real inflado de desplegada cola policroma y difunto ahora gracias a Satanás o a Dios o a quien sea, y a quien en estos mismísimos instantes en que escribo se lo están comiendo de a poquito, muerto, en el pudridero de los papas, los gusanos. ¡Pobres gusanos! Hoy se están envenenando en la oscuridad de Dios con semejante malvado mis hermanos gusanos.
Somos una especie más entre millones y millones de especies animales, y las diferencias entre nosotros y los restantes mamíferos son insignificantes. A diferencia de los animales hemos desarrollado el lenguaje hablado, el de las palabras, el cual nos da la capacidad exclusivamente humana de mentir. Nos designamos como el Homo sapiens u hombre sabio pero no, somos el Homo mendax, el hombre mentiroso, la mentira es nuestra esencia. En este mes de junio del año 2005, desde esta altísima columna de moral de la revista SoHo que he levantado sobre viejas en pelota, propongo cambiarla por la compasión. Que pasemos a ser el Homo miséricors, el hombre misericordioso. Misericordioso pero no sólo con los otros hombres como propuso Cristo, quien nada vio, sino también con los restantes animales puesto que en esencia son como nosotros. Todos los animales, y no sólo el hombre como propuso Cristo, son nuestro prójimo. Y lo son en la medida de su dolor. Todo el que tenga un sistema nervioso para sentir y sufrir es nuestro prójimo.”

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Alvaro Múnera, colombiano, educado con un padre seguidor de las corridas de toros, creció queriendo ser torero y a sus doce años empezó en ese mundo.

Una cogida de un toro cambio el rumbo de su vida.

En la actualidad concejal de la ciudad de Medellín lucha por los derechos de los animales.

Algunos le critican diciendo que es hipócrita que su mentalidad cambiase, solo por aquel fatídico accidente, pero lo que importa es que abrió los ojos y no solo eso, sino que lucha para que los demás los abramos y respetemos a los animales.

En una entrevista esto es lo que dijo:

 

Quisiera empezar Sr. Múnera, pidiéndole que nos facilite algunos datos biográficos.

 Nací en la Ciudad de Medellín; desde que tenía cuatro años mi papá me llevaba a los toros. No solamente a todas las corridas en Medellín sino también en Manizales. Era la afición de mi padre, eso era lo que se respiraba en mi casa, toros por todos los lados, allá no se hablaba de fútbol ni de otras cosas, solamente de toros. Yo crecí con eso y cuando estaba en Segundo de Bachillerato, a los doce años, decidí que quería ser torero. Inicié mi carrera taurina y cuando tenía 17 años resulté triunfador en la Feria de Medellín, eso me sirvió para que el apoderado de José Cubero “El Yiyo”, Tomás Redondo, me apoderara y me llevara para España. Allí toreé en 22 oportunidades y en la Plaza de Toros de Munera, en Albacete, el 22 de Septiembre de 1984, un toro me cogió por la pierna izquierda y me tiró por los aires. Tuve lesión medular completa, trauma craneoencefálico y un diagnóstico contundente: no podría volver a caminar. A los cuatro meses me llevaron para Estados Unidos donde comenzó mi periodo de rehabilitación, tiempo que aproveché para ingresar en la Universidad y fueron cuatro años que viví en un País no taurino como un absoluto delincuente por lo que le hacía a los toros, me convertí entonces en defensor de animales y desde esa época hasta ahora he trabajado por el derecho que tiene todo ser vivo a no ser torturado y espero no dejar de hacerlo hasta el último día de mi vida. 

Durante su vida como torero, ¿nunca reflexionó acerca del sufrimiento que su actividad implicaba para otros seres vivos y de lo innecesario de semejante atrocidad?

Hubo varios momentos críticos en mi carrera taurina donde vi tanta crueldad que quise dejarlo: cuando maté a una vaquilla en estado de preñez y me tocó ver cómo sacaban a su feto del vientre, en esos momentos quise abandonarlo porque había matado a dos y la escena era tan dantesca y tan impresionante que dije “no más”, me puse a llorar y vomité, pero me dieron la palmada en la espalda y mi apoderado me dijo “tranquilo, tú vas a ser una figura del toreo, estos son gajes del oficio”, así que desaproveché esa primera oportunidad continuando mi carrera taurina, lo que hoy en día me resulta inconcebible y de lo que me avergüenzo, pero en ese momento yo tenía 14 años y no tomé conciencia suficiente para dejarlo. Luego, cuando a puerta cerrada maté a un toro al que le pegué cinco o seis espadazos y el animal, con parte de sus órganos internos también afuera, luchando por su vida, aferrándose a ella con las pocas fuerzas que le quedaban también me impresionó mucho y me indicó el retiro, sin embargo ya tenía preparado mi viaje a España y crucé el Atlántico, donde vino la tercera, contundente, ya Dios dijo “si es que no quiere comprender por la razón va a hacerlo ahora por otro método” y ahí si aprendí muy bien la lección, fue una experiencia muy bonita porque como ser humano significó superar mi situación clínica y encima trabajar por reparar todos mis crímenes, ha sido una gran experiencia para mí.

Una terrible cogida le apartó de los ruedos pero, ¿qué fue lo que le impulsó a convertirse de forma activa en defensor de los animales?

Hay que pensar que mi carrera taurina fue entre los doce y los dieciocho años, que es cuando fue la cogida. De allí me trasladaron a Estados Unidos y fue realmente en este País en donde yo cambié mi forma de pensar. Primero tuve contacto con gente en el Hospital y luego, fuera, cuando ya me enfrenté a una Sociedad antitaurina totalmente, en la que no conciben que existan pueblos donde se estén torturando y matando animales. Ese rechazo y ese repudio me lo hacían sentir en donde yo me movía: en el Hospital, la Universidad, en mi círculo de amigos. Al principio trataba de defender el toreo con los mismos argumentos que esgrimen los taurinos, pero la fuerza y la contundencia de las razones en contra de la tortura son de tal magnitud que haciendo una cosa sensata acepté que el equivocado era yo, que la razón le asistía a un 99% de la humanidad que está en contra de los espectáculos crueles con los animales y entendí que Dios me estaba dando ahora una oportunidad para aceptar que yo era el equivocado y para reparar mis crímenes.

Lo que me hizo estar en contra de las corridas de toros y defender a los animales no fue la cogida en sí, tal vez si hubiera seguido en España yo hubiera continuado siendo taurino; fue el haber vivido todo mi periodo de rehabilitación en un País en el que no conciben que la gente se divierta torturando animales, que nos ven como pueblos atrasados, que yo realmente tomé conciencia de que lo que yo hacía era una absoluta barbaridad.

¿Qué le parecen los argumentos empleados una y otra vez por los defensores de las corridas, tales como: que el toro nació para eso, que genera empleo, que es una tradición, que no sufre, que es una lucha de igual a igual, que vive muy bien hasta que es toreado, etc.?.

Los argumentos que esgrimen los taurinos para defender las corridas de toros, más que argumentos son disculpas. Primero también hay que saber una cosa, hay varios correos electrónicos que circulan en la Red que dicen que a los toros antes de las corridas les untan algunas sustancias en los ojos, les pegan en los riñones, les introducen cosas por el recto y por lo menos en lo que yo tuve oportunidad de ver nunca me tocó contemplar algo semejante. Al toro le afeitan la punta del cuerno, es algo ilegal pero lo hacen en casi todas las plazas, pero yo diría que ahí no hay tortura porque al toro eso no le llega como dolor. Creo que la tortura del animal en si, aunque también existe con el transporte, empieza cuando al toro le clavan la marca de la ganadería y luego viene la pica, las banderillas, la estocada, y en el rejoneo los rejones de castigo.

Los taurinos dicen que el toro nació para eso y que si no existieran las corridas desaparecería una especie. Primero decir no es cierto que el toro haya nacido para eso, nadie nació para ser torturado; el toro de lidia tampoco es una especie, es una raza creada por el hombre, diseñada y manipulada por él para llegar a lo que es hoy en día el toro de lidia en base a muchos cruces y no es una especie, que sería el bovino, así el toro de lidia no deja de ser una raza más de esta especie. Entonces, criar a los animales para ser torturados eso es algo que éticamente jamás podremos aceptar. La Sociedad civilizada nunca puede aceptar que se críe a un animal, que es un ser vivo, con sistema nervioso central similar al nuestro, para ser torturado y que encima la gente se divierta con su suplicio; eso se cae por su propio peso y como le he dicho, nunca la tauromaquia tendrá argumentos para ser defendida, de pronto disculpas pero nunca argumentos. ¿Qué más pueden decir ellos?, que generan muchos empleos, que si el turismo, que mucha gente vive de ello. Si ese argumento fuera sostenible también podríamos decir que por qué motivo vamos a suprimir el terrorismo, el narcotráfico, el secuestro, la extorsión, la misma guerra que también genera muchos ingresos y hay mucha gente que vive de ella; entonces nunca algo cruel, bárbaro, sangriento puede valer de argumento para que la gente obtenga de ahí su modus vivendi.

Defender una tradición cruel, donde la víctima primero es inocente y donde es salvajemente torturada y masacrada, como tradición éticamente es inconcebible. Si así fuera deberíamos haber defendido en su momento como tradición los sacrificios humanos de los Pueblos Mayas o los Aztecas. La manera es ir superando tradiciones bárbaras que hoy en día se ven como negras páginas de la Historia; yo estoy seguro que muy pronto la tauromaquia será vista como una negra página de la Historia de la Humanidad. En algunos Países, en un futuro muy cercano la gente se preguntará: ¿cómo es posible que nosotros permitimos divertirse torturando y matando animales?

El toro no sufre. Esto es una falacia absoluta y total; aparte de cómo se rebrinca cuando le clavan las banderillas y los rejones de castigo o la pica, para entender que el toro sufre como nosotros - y de hecho la biología y la fisiología lo ha mostrado claramente -, basta saber que el toro tiene un sistema nervioso central que responde a los estímulos del dolor de la misma forma que el nuestro y decir que el toro no sufre, más que una disculpa que ellos inventan es un acto de atrevimiento tal y de ignorancia que raya en lo absurdo y en la estupidez.

No es cierto que sea una lucha de igual a igual, si así fuera el promedio de toreros muertos debería ser igual al promedio de toros muertos; el torero cuenta con la destreza física, con el uso de la razón, tiene los argumentos mentales para engañar al toro, se le pica para disminuirlo físicamente, el toro simplemente se defiende ante quienes le agreden pero no tiene esa capacidad que es la razón para distinguir claramente qué es el engaño y quién es el que le engaña y por eso los toreros muertos son muy pocos, es un índice insignificante al lado de los toros que se matan cada día en las corridas.

El animal vive muy bien hasta que llega a la Plaza: ya tendríamos que meternos en comparativas con los demás animales utilizados en la industria alimenticia y yo reconozco que hay mucha tortura o más tortura y crueldad en la crianza de animales de abasto que en la del toro bravo; sin embargo, criar un animal para que su destino final sea la crueldad, la tortura y la muerte, para que la gente pague para ir a ver esto y disfrute con ello y que sea motivo de algarabía y de gozo, me parece que es la práctica más aberrante, inhumana y salvaje que puede tener una Sociedad. Jamás podrá ser un argumento que al toro se le cuida muy bien para luego llegar a torturarlo, esto sería algo similar a lo que decía antes, los Aztecas y los Mayas que escogían a las doncellas más bellas para luego sacrificarlas. No, nunca podrá ser este un argumento válido

¿Quiénes son realmente los que se lucran del toreo y los interesados en que esta costumbre salvaje continúe?

Pues en la primera escala yo diría que están las grandes figuras que ganan muchísima plata, luego vienen los empresarios, apoderados y algunos periodistas, que son básicamente los que de manera “grande” se lucran del toreo. Hay gente que sobrevive con él como son banderilleros, picadores, mozos de espadas que son asalariados; el toreo les da para comer y medio educar a sus hijos, pero yo diría que los grandes beneficiados son en primer lugar las grandes figuras y luego empresarios y apoderados. Los ganaderos no creo, la ganadería de toros no es rentable, yo pienso que los ganaderos son personas muy potentadas, de mucha capacidad económica, que cuentan con unos importantes recursos económicos y que tienen esto por afición.

¿Cuál es su impresión acerca de la situación actual de la tauromaquia en lo que a número de aficionados y “salud” de la misma se refiere, así como a la importancia de los movimientos abolicionistas y cuál cree que será el futuro al respecto?

La Sociedad evoluciona, el ser humano evoluciona y cada día la gente toma más conciencia de que tenemos que dejar atrás los espectáculos crueles con los animales. El primero que pierde al sostenerlos es el mismo hombre porque se está degradando, al presenciar el sufrimiento de un animal y disfrutando con ello. Yo estoy seguro de que a la juventud de hoy en día no le interesan para nada las corridas de toros, no quieren saber nada de crueldad con seres vivos que son inocentes porque el toro, hay que decirlo, no tiene afición por las corridas, el toro no disfruta de los “olés”, de los pasodobles, no sabe qué es eso; llega a un sitio extraño para él y es torturado y matado salvajemente sin entender porqué. Entonces la corriente abolicionista ya se inició, no creo que tenga reversa, lo importante es que aceleremos el proceso y mucho más temprano que tarde hagamos que se supriman las corridas, las peleas de gallos, el coleo, las corralejas, los circos con animales, etc., todos los espectáculos abyectos y violentos con los animales y por eso yo creo que cada día irá menos gente a la Plaza, porque cada día más gente toma conciencia. El fin de la tauromaquia lo veo cercano, es difícil pero no tienen futuro alguno, no tienen como expandirse a otros Países, a otras culturas; los otros Países no taurinos jamás admitirán que ingresen en su Cultura espectáculos crueles con los animales, entonces en ese sentido yo soy optimista y en manos de la juventud está que este proceso se acelere.

Si según las estadísticas cada día es menor el número de personas que acude a las corridas o los aficionados a las mismas, ¿por qué desde el Estado se sigue subvencionando y dando cobertura legal a una actividad que rechaza una proporción tan importante de los ciudadanos?

Creo que debido al “matrimonio” que mantienen la clase política y los altos estratos de la Sociedad con los taurinos y con los toreros. El ir a la Plaza significa un estatus social, es el ir a exhibirse, siempre ha sido calificado como un espectáculo muy elitista y en ese sentido el político quiere darse el caché de estar con la alta sociedad y por eso ha sido difícil que ellos mismos tomasen conciencia; pero el sentir popular es tan grande y la juventud tiene la conciencia tan clara que yo diría que más temprano que tarde los legisladores van a tener que unirse a su demanda porque sino se van a quedar obsoletos.

¿Qué hacen los Gobiernos Colombiano y Español por poner fin a la tauromaquia?, ¿son receptivos en este aspecto a la demanda popular?

Ha habido intentos legislativos para acabar con la tauromaquia pero el poder económico y político de los taurinos es grande y han logrado conseguir esas mayorías alegando el derecho al trabajo y a la tradición. Pero más que los Gobiernos quien ha venido a manifestarse en contra de esto es la Sociedad y sobre todo la juventud. En cualquier artículo taurino que tenga comentarios en un diario, el 95% de los mismos son en contra de la tauromaquia, es tan aplastante el sentir de la Sociedad que yo creo que la clase política y los Gobiernos tendrán que aceptar que están en contra del sentir popular, de la gran mayoría de la gente y tendrán que legislar en ese sentido. Pienso que la presión que nosotros podemos hacer moviendo masas en este sentido es importantísima para que los Gobiernos y los legisladores tomen la conciencia que ya tomamos la gran mayoría del Pueblo.

España está sometida a presiones en el Parlamento Europeo para acabar con las corridas pero parecen insuficientes, ¿podría llegar a ser decisiva la intervención internacional para suprimir este espectáculo vergonzoso?

Bueno, ya es un paso adelante que el debate sea llevado al Parlamento Europeo o aquí, en Colombia, al Congreso de la República. En la década de los 80 los toreros eran héroes, se concebían como tales, nadie se cuestionaba el sufrimiento del animal; con el boom de los 90 y ahora ya en el nuevo siglo la gente está viendo la crueldad que existe en los espectáculos taurinos; ahora se trata de llevar esta realidad cruda de lo que le pasa al toro en la Plaza a todos los Eurodiputados, a todos los concejales, diputados de las Comunidades Autónomas, al mismo Congreso en España, y aquí al Congreso de la República, para que entiendan esa realidad y empiecen a unir esfuerzos y legislar desde esas Corporaciones para prohibir estas costumbres bárbaras.

En Madrid, durante la Feria de San Isidro, han tenido lugar diferentes acciones en la Plaza de las Ventas por parte de colectivos contra el maltrato, ¿cuál cree que es su repercusión y considera que cada vez es mayor la implicación de la gente y la difusión del movimiento abolicionista desde los medios de comunicación?

Yo estoy de acuerdo con las manifestaciones y expresiones públicas que sean pacíficas, que no agredan ni insulten porque uno no puede luchar contra el salvajismo con otra forma de salvajismo, entonces mientras sean pacíficas totalmente de acuerdo. Pero creo que el debate importante es en la Academia, es en los colegios, educando a los niños, en los medios de comunicación, con campañas publicitarias y ese es el gran éxito que podemos obtener, a través de Internet, de los foros, de los grupos, de las comunidades virtuales. Allí es donde nosotros cada vez vamos concienciando a más gente, mostrando vídeosdeos de la realidad de lo que le pasa al toro en la Plaza, no lo que muestran en los noticieros que son cuatro o cinco lances de capa, otros tantos de muleta o el torero dando la vuelta al ruedo; no, hay que mostrar una pica de cerca, hay que enseñar cómo reacciona el toro cuando le clavan banderillas, como reacciona cuando le clavan los rejones, cómo vomita sangre con una estocada incrustada en sus pulmones, esto es lo que hay que mostrar a los jóvenes para que comprendan lo que en realidad pasa allí, cómo a los toros todavía les cortan las orejas aún estando vivos; entonces, cuando uno pone esvídeosdeos en colegios o en conferencias automáticamente ahí todos los niños se convierten ya en antitaurinos y nunca más van a asistir a una Plaza de Toros. Yo diría que el debate es ahí y ahí es donde nosotros vamos a ganar la batalla .

Existen muchos Grupos y Asociaciones que trabajan por el fin de la tauromaquia sin embargo, actúan de forma independiente, apenas hay colaboración entre ellasaunanúnan sus esfuerzos, ¿no es esta disgregación algo negativo para alcanzar el objetivo que persiguen?

Todo depende de cómo actúen. Si hay celos o rencillas entre ellos, si no se ponen de acuerdo en la forma o en el fondo entonces diría que estamos actuando en contra de nuestra propia causa. Lo ideal sería una unión general, una Plataforma que aglutinara todos los movimientos en defensa de los animales como lo hicimos acá en Medellín, a través de F.A.U.N.A, reuneeúne a todos los movimientos defensores de los animales. Sería muy bueno que existiera una Plataforma internacional que los englobase para que todos utilizáramos las mejores estrategias, las que mejor funcionen y en ese sentido obtuviéramos mejores resultados. Sin embargo no está mal tampoco que actúen por su cuenta siempre y cuando vayan en el sentido correcto.

¿Qué método cree que es el más efectivo para poner fin a las corridas de toros?

Hay un error grande en las formas que muchas veces los movimientos antitaurinos utilizan para tratar de imponer su idea. No me parece que esté bien que la gente vaya afuera de las Plazas de Toros para insultar o agredir, a decirle a los taurinos Vds. son bárbaros, Vds. son asesinos, me parece que la confrontación a base de insultos derrumba los argumentos que de por si están de nuestro lado, cualquier persona sensata lo entiende. El debate tiene que ser desde el punto de vista desde la Academia, desde las ideas, desde los medios de comunicación, con campañas educativas en los colegios, ir afuera de la Plaza a insultar y agredir me parece de alguna manera colocarnos al mismo nivel que ellos y yo no soy amigo de ese tipo de expresiones. Sí de manifestaciones pacíficas, caminatas, con pancartas, pero no en las Plazas de Toros, en los parques, afuera de los colegios, de los medios de comunicación, en el exterior de las iglesias, para que la Iglesia Católica se replantee cómo es que patrocina semejante barbarie bajo el manto de sus iconos de santidad; entonces me parece que el debate hay que darlo en estos escenarios y que son mucho más productivos. Para mí el mejor método es mostrar a través de videos lo que le pasa al toro en la Plaza y llevar esto a través de conferencias a los colegios, comunidades, grupos sociales, juveniles, con proyección de estos videos en plazas públicas, antes de las películas en los teatros, donde la gente vea esa realidad que tapan en los noticieros, que no muestran el detalle de una pica de cerca, como el toro muere ahogado en su propia sangre; eso por muy cruel que sea hay que hacerlo. Desafortunadamente, si no es mostrando esta realidad la gente no toma conciencia. Yo diría que una mezcla de mostrar esa realidad con los programas educativos en todas las instancias, es el secreto para que desaparezcan todos los espectáculos crueles con los animales

¿Cómo ve el futuro de la abolición de las corridas de toros a corto y medio plazo?

Yo opino que las corridas de toros se pueden acabar por dos vías. Porque la gente ya no vaya a la Plaza, que no exista ese recambio que yo estoy convencido que no lo va a haber de la afición actual; la gran mayoría de los jóvenes no quieren saber nada de eso y creo que es algo que va a ser importante para la abolición de las corridas. Y sería muy bueno también empujar para que se haga más temprano que tarde legislación en este sentido convenciendo a los políticos de que la gran mayoría de la gente rechaza esto y que no pueden ir en contra de ese sentir popular. Que los medios de comunicación se involucren también, ayudando y mostrando esta realidad; estoy seguro que por ahí es la clave: mostrar la realidad de lo que le pasa al toro en el ruedo, lo que no se ve ni en las noticias ni en los programas taurinos.

¿Qué le diría a toda esa gente que a pesar de no gustarle la tauromaquia y estando en contra de causar sufrimiento a los animales, no hace absolutamente nada por contribuir a poner fin a esta realidad?

Esa labor nos compete a las personas sensibles al maltrato animal. Hay que hacer que la gente tome conciencia de que a pesar de que no les gusten la tauromaquia ni hayan acudido a ninguna corrida de toros, en su Ciudad, donde hay toros, eso está pasando; que a sus espaldas están torturando y masacrando animales para que la gente se divierta y tratándolo como si fuera de interés económico o que eso le da empleo a muchas personas. Es importante que la gente se sensibilice con el dolor ajeno y aunque no participen del espectáculo entiendan que tienen que contribuir para su abolición, porque yo no puedo tener el comportamiento del avestruz cuando hay tanta crueldad que sucede a mis espaldas y esa labor le compete a los movimientos antitaurinos y los de defensa de los animales para sensibilizar al resto de la Sociedad sobre nuestra causa.

(fuente: otromadrid.com)

 

Aquí os dejo un artículo escrito por el:

http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/T/taurino_desmovilizate/taurino_desmovilizate.asp?CodSeccion=47

Por eso ALVARO MUNERA….. es un ejemplo a seguir.

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