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El actor Fernando Tejero muestra esta semana una faceta muy diferente a la de cómico que le ha hecho tan conocido. En movimiento con (programa solidario con la colaboración de Obra Social Caja) en la 2. Esta semana acuden a la Asociación Las Nieves, que alberga a cientos de animales abandonados.

Pinchad aquí para el vídeo:

http://www.rtve.es/television/20110611/actor-fernando-tejero-rescate-perros-abandonados/438713.shtml

No es la primera vez que Fernando Tejero se involucra en la defensa de los animales.

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Aquí os dejo un artículo muy interesante de Julio Ortega Fraile.

Este artículo está redactado en colaboración con Mercedes Cano Herrera, Profesora Titular de Antropología Social de la Universidad de Valladolid, una persona admirable, sensible y una animalista muy comprometida, a la que agradezco su apoyo, su ayuda y su generosidad, por saber compartir y transmitir sus muchos y acertados conocimientos.


La máxima maquiavélica de “divide y reinarás (vencerás)”,ha sido a lo largo de la Historia una estrategia empleada con profusión para lograr la derrota del enemigo. Todos somos conscientes de que al aunar esfuerzos, la capacidad de defensa y de respuesta es mucho más eficaz que si los disgregamos, por lo tanto, aquel que librando una batalla de la índole que sea, es capaz de sembrar el enfrentamiento entre las filas de sus adversarios, tiene mucho camino avanzado para obtener la victoria.

Un contrincante taimado, sabe cómo buscar los puntos débiles de su oponente para alimentar las hostilidades internas, averiguando y aventando las rivalidades que sin duda existen dentro de cualquier colectivo o entre grupos afines, pero lo realmente asombroso y desolador, es cuando esas disensiones se producen sin que medie la intervención del antagonista, cuando sin éste haberlo intentado siquiera, contempla muy satisfecho cómo los otros se descabezan entre si, haciendo parte del trabajo que a él le correspondería y de paso, debilitándose lo suficiente como para propiciarle el triunfo.

Es curioso comprobar que así como la táctica del “prietas las filas” se da habitualmente en las agrupaciones más conservadoras o totalitarias, sabiendo mantenerse como unidad inquebrantable a la hora de iniciar confrontaciones con otras facciones, las desavenencias entre pares surgen por lo general en aquellos que defienden posturas más progresistas y cercanas a los conceptos de libertad y de justicia universal. Y tal vez esto ocurre por la mayor disposición hacia actitudes democráticas de los segundos, empezando su puesta en práctica por ellos mismos al no estar sometidos a una férrea disciplina interna que evitaría esas divisiones, enriquecedoras en cualquier caso porque el debate siempre es positivo, pero muy perjudiciales a la hora de presentar batalla.

Existen muchos ejemplos de lo anterior, pero queremos centrarnos en uno muy actual y cuya presencia está cobrando, afortunadamente, gran fuerza en España: el movimiento animalista – empleamos un término no reconocido académicamente para esta acepción, pero que creemos que la define de un modo muy claro -. A nadie se le escapa que la lucha por los derechos de los animales y por lograr que se les reconozca un respeto del que hoy carecen crece en importancia día a día, como no podía ser de otro modo en un País en el que los casos de maltrato y de muerte de estas criaturas, alcanzan la categoría de torturas y de asesinatos con el apoyo frecuente de la Administración y elevados al rango de espectáculos públicos.

Nos encontramos pues con toda una suerte de atrocidades sádicas que padecen los animales, aunque las más emblemáticas sean los festejos taurinos en cualquiera de sus variantes, desde la tradicional corrida a perversiones como los toros alanceados, ensogados, embolados, las becerradas, etc. Los que participan y amparan o se lucran de estas acciones vómicas, son un frente común sin resquicios cuando de preservar sus criminales divertimentos se trata, enfrentándose sin miramientos ni vacilaciones e incluso empleando la violencia frecuentemente, contra todos aquellos que exigen el fin de costumbres tan miserables.

Y del otro lado tenemos a los animalistas, empeñados en una contienda cuya existencia es difícil de concebir, pues no se entiende como en el Siglo XXI y en un País del Primer Mundo, se hace necesario todavía estar explicando que la brutalidad con los seres vivos no se puede considerar como negocio, cultura ni arte, sino como una abyección repugnante propia de mentes enfermas y ejercida por individuos agresivos, cuyas conductas son socialmente peligrosas y por supuesto, letales en el caso de los animales, a los que se dedican a martirizar con tanta saña y encarnizamiento.

Pero resulta que los avances por acabar con semejante crueldad son exasperadamente lentos, porque tanto el Estado Central como los órganos de poder autonómicos, provinciales o locales, baluartes últimos e imprescindibles para su existencia de todas estas muestras de salvajismo, no se sienten lo suficientemente presionados por los ciudadanos como para tomarse en serio este asunto, prefiriendo ignorarlo antes que afrontarlo temerosos de las consecuencias. Y es que les preocupa más la reacción de unos cuantos violentos adictos al maltrato animal, carentes de cualquier escrúpulo, que la de los defensores de estos seres, pacíficos por naturaleza, partidarios del respeto y, he aquí el mayor problema, a menudo afectados por el cáncer de la desorganización o lo que es peor, de la desunión.

Creemos que las mentes pensantes de cualquier colectivo, hacen mal si pierden de vista la filosofía que mueve a sus bases, a todos aquellos que en la calle son la fuerza y la voz que canaliza las reivindicaciones que se persiguen, pues no hay mayor honestidad, valor, ni pureza de pensamiento, que las que poseen los que se entregan a un compromiso solidario sin estar desvirtuados por “intrigas palaciegas”, que no hacen más que enrarecer el ambiente, entorpecer la labor por muy noble que ésta sea y alimentar el germen de la fragilidad e incluso de la destrucción interna.

Y llegados a este punto, nos planteamos la siguiente reflexión: si los problemas suelen surgir por los disentimientos o desafíos existentes entre los que capitanean los movimientos, cada uno con su forma peculiar de entender un mismo asunto, pero no afecta a los que fuera de los órganos decisorios de cada grupo forman su verdadera fortaleza: el inmenso número de ciudadanos que cree en una causa y a ella se entrega, sin perderse en contubernios ni en maquinaciones extrañas y sumamente perjudiciales, entonces habrá que llegar a la conclusión de que así como los que lideran son el origen de las divisiones, a los demás, es decir, a casi todos, les une un mismo deseo e ideal con independencia de bajo qué siglas contribuyan con su trabajo a esta causa.

Se imaginan por lo tanto que los que dirigen las innumerables asociaciones animalistas de este País realizasen un examen de conciencia, recordasen cuáles son los motivos que les llevaron a esta lucha y fuesen capaces de romper las cadenas que su intransigencia o egoísmo les procuran, y desembarazándose de las limitaciones que tales actitudes les imponen demostrasen la valentía y la inteligencia de unir, de combinar el esfuerzo de todos los que les apoyan, a lo que habría que sumar probablemente el de los que por no entender tan absurdas desavenencias, a día de hoy batallan por su cuenta y de forma independiente. ¿Pueden hacerse una idea de lo poderoso que sería ese “ejército” de seres humanos decididos a cambiar la trágica suerte de los animales en España?.

Nadie discute que la organización es absolutamente necesaria, pero ni el modo de entenderla ni tampoco el orden o las prioridades en una guerra con tantos frentes abiertos, pueden constituirse en rémoras como lo están haciendo, con el resultado de acciones dispersas, mutiladas y de escasa efectividad. Aquí sólo hay que tener presente un hecho: que luchamos por acabar con el sufrimiento de los animales a manos del hombre y sin duda, ese objetivo lo suscriben todos los que están empeñados en esta causa, por más que luego se difiera en estrategias o en tiempos.

Somos muchos, la gran mayoría, los que aborrecemos la crueldad con los animales y comparados con nosotros, son muy pocos los que presentan esa patología de maltratadores, ¿Cómo es posible entonces que nos ganen siempre en número cuando de manifestarse se trata?. Tenemos el contingente humano y sobre todo es nuestra la razón, porque defendemos la vida y aborrecemos el sometimiento mortal que se ejerce sobre seres más débiles y sin el amparo legal que necesitan y merecen. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo hacer sonar nuestra voz, la de todos, como si fuese una sola, ante los que tienen la capacidad de modificar una realidad tan sangrante?.

Es imprescindible superar de forma inmediata desavenencias y rencillas que nos convierten en grupúsculos cuando somos legión. Es el momento de asumir que nuestras miserias están contribuyendo a que el destino atroz que padecen tantos animales hoy, vuelva a repetirse mañana, un hecho imperdonable en quien asegura defenderlos y del mismo modo, es ya la hora de organizar una movilización masiva, en la que participen absolutamente todos los que se dicen animalistas, que no quede ni uno solo fuera, y llevarla a cabo allí donde los políticos ya no podrán decir que no nos ven ni nos oyen, en el mismo Centro del Poder de este País. Millones de personas, sin banderas, sin siglas, sin colores, sin afiliaciones y unidas, como no puede ser de otro modo, gritando con una sola voz a la cara de nuestros gobernantes que exigimos una Ley de Protección Animal amplia, suficiente, sin excepciones e inmediata.

¿Es un sueño?, tal vez, pero esta vigilia que nuestra necedad nos procura, es la condena de millones de animales. Convendría no olvidarlo ni un solo instante.

http://findelmaltratoanimal.blogspot.com/

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Famosos que colaboran en campañas con PETA (People for the Ethical Treatment of Animals).

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José Saramago nos ha dejado, pero no, sin dejar huella.  No solo fue un gran escritor  sino fue una persona de esas que no abundan, Una persona fiel asi misma.

Defensor de sus ideas sin importarle las criticas que por ellas podría recibir y fue fiel a su manera de pensar hasta el final… un ejemplo a seguir.

Nos dejo un escrito acerca de Susi, esa elefante que tanto sufrió en el zoo:

“Si yo pudiera, cerraría todos los zoológicos del mundo. Si yo pudiera, prohibiría la utilización de animales en los espectáculos de circo. No debo ser el único que piensa así, pero me arriesgo a recibir la protesta, la indignación, la ira de la mayoría a los que les encanta ver animales detrás de verjas o en espacios donde apenas pueden moverse como les pide su naturaleza. Esto en lo que tiene que ver con los zoológicos. Más deprimentes que esos parques, son los espectáculos de circo que consiguen la proeza de hacer ridículos los patéticos perros vestidos con faldas, las focas aplaudiendo con las aletas, los caballos empenachados, los macacos en bicicleta, los leones saltando arcos, las mulas entrenadas para perseguir figurantes vestidos de negro, los elefantes haciendo equilibrio sobre esferas de metal móviles. Que es divertido, a los niños les encanta, dicen los padres, quienes, para completa educación de sus vástagos, deberían llevarlos también a las sesiones de entrenamiento (¿o de tortura?) suportadas hasta la agonía por los pobres animales, víctimas inermes de la crueldad humana. Los padres también dicen que las visitas al zoológico son altamente instructivas. Tal vez lo hayan sido en el pasado, e incluso así lo dudo, pero hoy, gracias a los innúmeros documentales sobre la vida animal que las televisiones pasan a todas horas, si es educación lo que se pretende, ahí está a la espera.

Se podrá preguntar a propósito de qué viene esto, y responderé ya. En el zoológico de Barcelona hay una elefanta solitaria que se está muriendo de pena y de las enfermedades, principalmente infecciones intestinales, que más pronto o más tarde atacan a los animales privados de libertad. La pena que sufre, no es difícil imaginarlo, es consecuencia de la reciente muerte de otra elefanta que con la Susi (este es el nombre que le pusieron a la triste abandonada) compartía en un más que reducido espacio. El suelo que pisa es de cemento, lo peor para las sensibles patas de estos animales que tal vez tengan todavía en la memoria la blandura del suelo de las sabanas africanas. Sé que el mundo tiene problemas más graves que estar ahora preocupándonos con el bienestar de una elefanta, pero la buena reputación de que goza Barcelona comporta obligaciones, y ésta, aunque pueda parecer una exageración mía, es una de ellas. Cuidar a Susi, darle un fin de vida más digno que verla acantonada en un espacio reducidísimo y teniendo que pisar ese suelo del infierno que para ella es el cemento. ¿A quién debo apelar? A la dirección del zoológico? ¿Al ayuntamiento? ¿A la Generalitat?”

Postdata: Dejo aquí una foto. Igual que en Barcelona hay grupos – gracias – que se apiadan de Susi, en Australia también un ser humano se ha compadecido de un marsupial, víctima de estos últimos incendios. La foto no puede ser más emocionante.

http://www.cuaderno.josesaramago.org

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Es una gran escritora española nacida en Bilbao aunque creció en Alava. Sus dos primeras novelas, Irlanda (1998) y Donde siempre es octubre (1999), gozaron de una acogida muy favorable por parte de la crítica, que calificó a su autora como una de las figuras literarias más destacadas de la joven narrativa española del momento. Pero su popularidad como escritora llegó sobre todo en octubre de 1999, gracias a la obtención del Premio Planeta por su obra Melocotones helados. Otros de sus libros Irlanda, El tiempo huye, cuando comer es un infierno, entre otros.

Espido Freire colabora habitualmente en distintos diarios como ADN, El Mundo y en revistas como Tiempo. Colabora en la radio con Julia Otero.

En 2008 fundo su propia empresa, una escuela literaria  en dónde imparte talleres literarios.

Es una defensora de los derechos de los animales, antitaurina convencida y por ello criticada y atacada.

 

Aquí uno de sus artículos para ADN en 2007

Sin duda, matamos ya suficientes animales; en un país con una perpetua obsesión por las proteínas como es éste, en el que el cerdo, o el pollo, se guardaba para agasajar al importante, o como recurso desesperado ante la enfermedad, resulta lógico que exista una demanda constante de carne. En algunos lugares, la riqueza se demostraba a través del número de embutidos y jamones colgados a secar. Los extranjeros se horrorizan ante la cruda exposición de piernas de cerdo, con su pezuña intacta, en bares y restaurantes, casi tanto como ante las cabezas de toros disecados.Sin duda, se abandonan ya demasiados animales: los perros, pese a todas las campañas, aparecen en carreteras, con el pelo sucio y la mirada desesperada. Los galguitos, ahorcados con saña tras la temporada de caza. A los gatos ni siquiera se les dedica esa atención: la absurda fama de ariscos, o la creencia de que pueden sobrevivir por sí mismos, el miedo a una toxoplasmosis mal explicada, llena las perreras de ojos felinos aterrados antes de una inyección letal. Lo sé, los he visto, no pude rescatar a más de los que me llevé. El resto murió.

Sin duda, se habla mucho de las fiestas populares, de los toros muertos en corridas y otros sistemas, los patos decapitados, las cabras, los animales inmolados por tradición, por una crueldad que no se percibe como tal, por un negocio próspero y unas costumbres que poco tienen que ver con el momento presente.

Si nos quedáramos sólo en el primer punto…

A apoyado la plataforma para prohibir los toros en Cataluña por lo cual los taurinos la han llamado de todo y por ello escribió una columna.

 http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/espidoweb/cajon_end101.html
Para PACMA: http://www.pacma.es/articulo.php?id=48524151cdf

 Un ejemplo a seguir….. Espido freire.

 

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